La Custodia


La presencia de los franciscanos en Tierra Santa se remonta a los albores mismos de la Orden de Frailes Menores. Fundada por san Francisco en 1209, se abrió pronto a la evangelización misionera.

La Orden de Frailes Menores, fundada por san Francisco de Asís en 1209, estuvo abierta desde el principio a la evangelización misionera. En el Capítulo general de 1217, donde la Orden se dividió en Provincias, nació también la Provincia de Tierra Santa, que abarcaba todas las regiones en torno a la cuenca sudoriental del Mediterráneo, de Egipto a Grecia, y más allá.

La Provincia de Tierra Santa comprendía naturalmente la tierra natal de Cristo. Por tal motivo, la Provincia de Tierra Santa fue considerada la perla de todas las Provincias y ha seguido llamándose así hasta nuestros días. La visitó el mismo san Francisco, que permaneció varios meses en Egipto, Siria y Palestina, de 1219 a 1220.

La Provincia de Tierra Santa en el 1263 se redujo a entidades más pequeñas, llamadas Custodias, para una mejor organización de las actividades de los franciscanos. Nacieron así las Custodias de Chipre, Siria y la más propiamente denominada de Tierra Santa. Ésta comprendía los conventos de Jerusalén y de las ciudades costeras de Acre, Antioquía, Sidón, Trípoli, Tiro y Jafa.

En 1291 la ciudad de San Juan de Acre, última fortaleza de los cruzados en Tierra Santa, cae en manos de los musulmanes. Los franciscanos, refugiados en Chipre (donde estaba la sede de la Provincia de Oriente), intentaron por todos los medios permanecer en Jerusalén y demás zonas palestinas donde había santuarios. A pesar de que los cristianos fueron oficialmente expulsados de Tierra Santa, los frailes menores siguieron estando presentes, ejerciendo allí toda forma posible de apostolado. Su permanencia al servicio del Santo Sepulcro está constatada entre los años 1322 y 1327.

El retorno definitivo de los frailes menores a Tierra Santa, con la posesión legal de determinados santuarios y el derecho de uso en otros, se debe a la munificencia de Roberto de Anjou y de la reina Sancha de Mallorca, reyes de Nápoles, los cuales obtuvieron en 1333 del Sultán de Egipto, por mediación del franciscano fray Rogelio Garini, la propiedad del Santo Cenáculo y el derecho a oficiar en el Santo Sepulcro. Estos reyes determinaron que fueran los frailes menores quienes ejercieran tales derechos en nombre y a expensas de la cristiandad. El papa Clemente VI, con las bulas Gratias agimus y Nuper carissimæ, de 1342, aprobó la donación de los reyes de Nápoles y fijó las normas para este nuevo organismo eclesiástico-religioso. Los frailes adscritos a Tierra Santa podían proceder de todas las Provincias de la Orden y quedaban, desde su incorporación al servicio de Tierra Santa, bajo la jurisdicción del Padre «Guardián del Monte Sión en Jerusalén», que dependía a su vez del Ministro Provincial de Tierra Santa, con sede entonces en Chipre.

La presencia ininterrumpida de los franciscanos en Tierra Santa y su entrega a la evangelización y promoción de los valores cristianos en la misma ha sido factor determinante en la formación y desarrollo de la iglesia local, hasta hacer posible la restauración del Patriarcado latino en 1847. Desde entonces, aun conservando su misión específica, de acuerdo con el mandato que se le ha confiado y confirmado, la Custodia colabora con espíritu de fraternal comunión eclesial con los Pastores de la Iglesia.

En la actualidad, la Custodia de Tierra Santa es una Provincia autónoma de la Orden de Frailes Menores. Es una entidad con carácter internacional, en cuanto que está compuesta por religiosos procedentes de todo el mundo; algunos eligen pertenecer a esta realidad desde el inicio de su camino de formación, otros deciden prestar servicio por un tiempo.

Actualmente, la Custodia está presente en los siguientes países: Israel, Palestina, Jordania, Siria, Líbano, Egipto y las islas de Chipre y Rodas. La componen alrededor de 300 religiosos, que cuentan a su vez para el desempeño de su misión con la ayuda de un centenar de religiosos de otras congregaciones.

Los franciscanos se encuentran en los principales santuarios de la Redención, entre los que se encuentran el Santo Sepulcro, en Jerusalén, la Basílica de la Natividad, en Belén, y la Iglesia de la Anunciación, en Nazaret.

El ministerio pastoral de los franciscanos se desarrolla en 22 parroquias, iglesias y capillas. La Custodia desempeña la cura pastoral en las tres grandes parroquias de Tierra Santa, es decir, Jerusalén, Belén y Nazaret. También está presente en algunas parroquias de Siria y Líbano.

Las parroquias árabes son una de las labores más importantes de la Custodia de Tierra Santa. Las actividades que se desarrollan en estas comunidades de lengua árabe son iguales a las de cualquier parroquia: catequesis, celebración de los sacramentos, acompañamiento de los jóvenes, Orden Franciscana Secular, asociaciones, movimientos, momentos de encuentro y oración, animación, dirección espiritual, actividades sociales, etc. Las parroquias franciscanas nacieron para la asistencia a los fieles de rito latino presentes en la región, siendo los frailes, durante siglos, los únicos pastores de la iglesia local. Hoy comparten esta responsabilidad con los párrocos del Patriarcado Latino, restaurado por el papa Pío IX en 1847.

Uno de los momentos de mayor unidad con los fieles de las parroquias latinas, no solo franciscanas, es la procesión del Domingo de Ramos, que va desde Betfagé, en el Monte de los Olivos, hasta la Iglesia de Santa Ana, en la ciudad vieja de Jerusalén.

En tierras de Oriente, los católicos latinos han sido siempre una minoría. La mayor parte de los cristianos es de rito griego ortodoxo y la minoría católica siempre se ha visto enriquecida en su interior por la presencia de muchos fieles de ritos orientales. En todos los países del Medio Oriente donde está presente la Custodia, las comunidades cristianas representan una minoría frente a los musulmanes o judíos, esto genera algunos problemas de no poca importancia que los franciscanos afrontan del mejor modo posible.

Al lado de la consolidada y plurisecular cura pastoral de los fieles árabe-cristianos de la región, en los últimos años han surgido dos nuevos desafíos. A estos, la Custodia ha respondido invirtiendo energías nuevas. Hablamos de la realidad de los fieles católicos de lengua hebrea y de aquella de los fieles inmigrantes de distinta procedencia.

Los miembros de la Qehillah, la comunidad católica de lengua hebrea, son sobre todo judíos convertidos a la fe católica. Conservando sus raíces hebreas, ven en la Iglesia católica el complemento a su camino espiritual. Además, hay otras personas no judías pero que viven en un contexto israelita y que hablan el hebreo. Para estos fieles, la Custodia ha destinado la casa llamada de los Santos Simeón y Ana, situada en la Ciudad Nueva de Jerusalén. Allí se celebra la liturgia en hebreo, hay momentos de oración y de catequesis, actividades con los jóvenes y encuentros con las familias. La actividad de la comunidad tiene el sello del encuentro y del diálogo. También en la ciudad de Jafa (Tel Aviv) la Custodia desempeña idéntica misión.

Otra nueva realidad pastoral hacia la que los franciscanos se han abierto es la de los inmigrantes, en particular los católicos procedentes de Filipinas, América Latina, Europa del Este y África, que llegan al país en busca de trabajo.

En el ámbito de este ministerio pastoral se enmarcan las obras de carácter social de la Custodia: escuelas, colegios, casas para estudiantes, cursos artesanales, círculos parroquiales, casas de acogida para los ancianos, post-graduados, talleres femeninos, colonias de verano, ambulatorios… La Custodia fundó y conserva desde hace siglos la llamada «Obra de la vivienda», con el objetivo de ayudar a los necesitados, contribuyendo a resolver el problema crucial de la vivienda. En el marco de las condiciones particulares de Tierra Santa, el trabajo de la Custodia viene a apoyar a las comunidades cristianas de los Lugares Santos.

La Custodia gestiona escuelas y colegios abiertos a todos sin distinción de religión, de nacionalidad o de raza. Se conceden becas a los jóvenes, tanto a chicos como a chicas, que deseen continuar sus estudios superiores en la universidad.

Las escuelas de la Custodia se hallan en Israel, Palestina, Jordania, Chipre y Líbano. Acogen a cerca de 10.000 alumnos, cristianos católicos y no católicos, y también a no cristianos. Es de destacar la actividad del Instituto Magníficat, el conservatorio de música creado en 1995 con el objetivo de preparar a músicos experimentados para el servicio en los santuarios y en las iglesias de Tierra Santa.
Durante siglos, la Custodia en Tierra Santa no pudo manifestarse más que a través del lenguaje de la oración y de las celebraciones litúrgicas. No había lugar para la evangelización o la pastoral. Todavía, hoy en día la liturgia es una dimensión fundamental del servicio de la Custodia.

Además de las liturgias celebradas en el Santo Sepulcro y en la Iglesia de la Natividad, la Custodia facilita a los fieles la peregrinación anual que es, seguramente, el aspecto más típico de la vida litúrgica de Tierra Santa. Peregrinaciones a Jordania, Emaús, Betfagé, Betania, al lugar de la Ascensión, al «Pater Noster», al Dominus Flevit, a la Flagelación, a Ain Karem, al Cenáculo... Después de tantos siglos, la peregrinación supone un soplo de aire fresco para estas viejas piedras.

La actividad ecuménica se ejerce, sobre todo, en el plano cultural, así como en el contacto cotidiano con los cristianos de diferentes ritos y confesiones. El diálogo interreligioso está animado y exigido por la propia situación religiosa particular de la región: los cristianos constituyen apenas un 2% en medio de una población de cultura judía o musulmana.

La actividad científica tiene su centro en el Studium Biblicum Franciscanum (SBF), conocido mundialmente en el mundo de la erudición bíblica y arqueológica.  El SBF organiza semanas de renovación bíblica, conferencias y cursos de formación para los guías de Tierra Santa. Se enseñan las lenguas orientales antiguas y se dan introducciones especiales a la exégesis del Antiguo y Nuevo Testamento y a la Teología Bíblica. Es posible igualmente asistir a cursos de historia y geografía de las tierras de la Biblia, de arqueología bíblica y de cristianismo antiguo, así como cursos sobre la topografía de Jerusalén. Facilita también la asistencia a visitas guiadas en Tierra Santa, en Jordania, Egipto y Turquía.  El Studium está abierto a estudiantes de todas las nacionalidades, religiosos y laicos, hombres o mujeres. Los estudiantes son fundamentalmente extranjeros, algunos de ellos procedentes de países con una escasa minoría católica. El Studium Biblicum empezó su andadura allá por el año académico de 1923-1924. 

La Tierra Santa fue descrita por el Papa Pablo VI como el «quinto Evangelio». Conocer esta tierra, su historia, su entorno geográfico y humano, contribuye de manera eficaz a una comprensión más profunda del mensaje de las Santas Escrituras. Por este motivo, los Franciscanos están comprometidos en hacer realidad el amor al Evangelio a través de la difusión del mensaje de los Lugares Santos. Este mensaje se divulga mundialmente a través de los distintos medios de comunicación con que cuenta la Custodia. Valgan como ejemplo este sitio en internet y la versión impresa de las distintas revistas.

Para mayor información, visite el sitio oficial de la Custodia de Tierra Santa.