EDITORIAL

Editorial


 Inmaculada Rodríguez Torné |  Julio-agosto 2018


Querido lector/a:

El dossier de este número verás que está dedicado a los judíos ultra-ortodoxos o haredíes, cuyo nombre significa en hebreo “los que temen” [a Dios]. Ha coincidido en el tiempo con la proclamación por parte de la Knesset, el pasado 19 de julio, de Israel como “nación judía” y para los judíos. Esta nueva dirección política, criticada desde las filas de la oposición, hace de Israel una nación que parece excluir a los habitantes que la pueblan hace años y siglos. Nuestra postura, la de la revista Tierra Santa, perteneciente a la Custodia, es siempre inclusiva, integradora, queremos ser fieles a nuestra vocación de ser puente, lazo de unión, signo de paz y de unidad. Así lo pide el papa Francisco, así lo querría Jesús.

A los que hemos peregrinado a Israel o la visitamos con frecuencia nos encanta esa imagen variopinta de mezcla de razas, credos y vestimentas. Paseamos por la Ciudad Vieja de Jerusalén rozándonos unos a otros como si fuera la cosa más normal. Ojalá sea siempre así. A nadie se le pide el carnet de cristiano para entrar en el Santo Sepulcro, y así debe seguir siendo. Los cristianos tenemos una vocación de universalidad, de “catolicidad” (eso significa la palabra “católico”), que no debemos perder jamás. Hoy, más que nunca, debemos ir a Tierra Santa para reclamar nuestra patria, porque también nos pertenece. Sería horrible pensar que Israel se convirtiera en lugar de peregrinación sólo para el judaísmo. Cada vez son más los hoteles kosher que inundan las ciudades, especialmente Jerusalén. El peregrino judío no debería faltar en Jerusalén, pero no debería ser el único; Jerusalén sin el peregrino cristiano o musulmán no es Jerusalén. Ya está bastante restringido el acceso a las mezquitas. Los cristianos debemos reivindicar nuestros Lugares Santos y no hay mejor manera de hacerlo que yendo. Los Santos Lugares de los cristianos pueden verse en peligro por una exclusión silenciosa y progresiva. Gracias a Dios quienes tienen la encomienda de custodiarlos no se moverán de allí y seguirán siendo sus guardianes. A los cristianos nos corresponde estar alerta y afianzar nuestra presencia, recordando que Jesús vino para derribar muros y abrir puertas y ventanas cerradas. Tenemos la obligación de ser, cada uno de nosotros, “otro Jesús en la tierra”. No nos durmamos, vayamos a Tierra Santa, sostengamos nuestra Tierra, el centro de nuestra fe, con nuestra presencia, nuestra oración y nuestro apoyo, también económico. Este debe ser para nosotros el undécimo mandamiento. 

Termino con la carta a los Efesios, que hoy cobra más sentido, si cabe:

“Recordad, pues, que vosotros, paganos en otro tiempo por nacimiento y considerados incircuncisos por los llamados circuncisos,

estabais en el pasado sin derecho a la ciudadanía de Israel, ajenos a las alianzas portadoras de la promesa, sin esperanza y sin Dios en medio del mundo.

Ahora, en cambio, injertados en Cristo Jesús y gracias a su muerte, ya no estáis lejos como antes, sino cerca.

Cristo es nuestra paz. Él ha hecho de ambos pueblos uno solo; él ha derribado el muro que los separaba: el odio;

él ha creado en su propia persona con los dos pueblos una nueva humanidad, estableciendo la paz.

Él ha reconciliado con Dios a ambos pueblos por medio de la cruz, los ha unido en un solo cuerpo y ha destruido así su enemistad.

Él ha venido a traer la noticia de la paz: paz para vosotros, los que estabais lejos, y paz también para los que estaban cerca.

Ya no sois, por tanto, extranjeros o advenedizos. Sois conciudadanos de un pueblo consagrado, sois familiares de Dios” (Ef 2,11-19).

En este número

Este es el sumario del número de julio-agosto de 2018 de Tierra Santa. Si aún no te has suscrito, ¿a qué estás esperando? Escribe a tierrasanta.suscripciones@gmail.com. ¡Buena lectura!

Tabouleh

TABOULEH

El tabouleh es una ensalada de origen libanés o quizá sirio, cuyo nombre deriva del término árabe taabil, que significa aderezo. Puede emplearse como entrante o como guarnición de múltiples platos. A veces, se usan hojas frescas de parra o de lechuga a modo de plato, comiéndose allí directamente. Su base es el bulgur, que es un trigo cocido, molido y seco de pequeño tamaño muy utilizado en los países árabes de la ribera mediterránea.